Drive, la paz para los malvados, y los héroes silenciosos

Termino ahora de ver “Drive” en una noche de verano en pleno mayo. Me quedo traspuesto con la música, los silencios y pensando en Frank Capra III. Todo, obviamente, tiene sentido excepto lo de Capra, que también. Primero divagaba uno sobre la importancia de la música en ciertas películas, en los finales de ciertas series, en los “tempos” del arte audiovisual en general. Después, en menor medida, pensaba uno en “No Habrá Paz Para Los Malvados”, esa suerte de película extraña, ausente y rara en la que Coronado…

Termino ahora de ver “Drive” en una noche de verano en pleno mayo. Me quedo traspuesto con la música, los silencios y pensando en Frank Capra III. Todo, obviamente, tiene sentido excepto lo de Capra, que también. Primero divagaba uno sobre la importancia de la música en ciertas películas, en los finales de ciertas series, en los “tempos” del arte audiovisual en general. Después, en menor medida, pensaba uno en “No Habrá Paz Para Los Malvados”, esa suerte de película extraña, ausente y rara en la que Coronado hace del que no es José Mota en Cruz y Raya a base de pocas palabras, inquietantes motivos y mucho cubata sin hielo. Y de ahí, a la necesidad creciente de héroes silenciosos, callados, casi quietos y sin profundidad que podemos ver en estas dos películas.

into the storm

Divagación (y 1)

Hay, parece, como ganas de que sea el espectador el que ponga los problemas en la cabeza del protagonista, que sea el propio cliente quien imagine parte de la historia, quien complete los huecos de personajes un tanto vacíos, un tanto absurdos en ocasiones, un tanto poco. Drive, esa película que te absorve a base de silencios tortuosos, en los que llegas a dudar de la capacidad mental del protagonista, se estructura entorno a circunstancias que desconocemos. Ryan rompe cabezas callado, desmenuza sesos con una profundidad interior que nos hace suponer que por algo será, aunque, como es lógico, no sea por nada.

Coronado, español, reparte tiros con sobria precisión entre las brumas de putiferios y chalets del 11-M como si detrás de todo eso hubiera algo que se nos escapa. Tanto, que uno se queda con la sensación de que todo se ha estructurado entorno a algo que no existe. Como si el desenlace nos llevara hasta el final sin necesidad de pararnos en los porqués.

Los dos, el Ryan y el Coronado, se reparten entre sus personajes tantas culpas como nosotros mismos queramos ponerles, tanta justificación a sus actos, buenos en el fondo, ilógicos en la forma, como queramos otorgarles. Cualquiera puede ser un héroe. Cualquiera puede tener una excusa. Y cualquiera eres tú.

Divagación (y 2)

Termina Drive y termina la paz para los malvados en un silencio sostenido (¿se puede sostener el silencio?) que nos deja en ese impás tan de serie, tan de capítulo que acaba pero no. Quizá sea eso. Recuerdo Weeds y a Nancy. Y sus finales musicales épicos, en los que la música rompe con la acción y la risa, marcando drama o absurdo, aumentando el disparate (¿más aún?), dejándonos con ganas de más malas hierbas.

Quizá sea eso. Las películas se “aserian”. Nos han enseñado las series, las buenas series, algunas de las mejores series, a seguir de cerca, con ganas y pasión a los malos más malos. A desear más del malo, a difuminar, de nuevo, la barrera del bien y del mal. En ellas, en las series, la justificación está justificada. Uno entiende a Tony Soprano tras seis años seguidos viviendo su vida, aguantando a su familia, soportando la presión. Uno comprende a Walter White cuando se siente ninguneado, cuando el dinero ya no es suficiente, cuando lo que importa es el poder y la familia. Uno entiende muchas cosas cuando se las explican.

V

Divagación (y 3) 

Entonces, lo que falta, o puede que falte, sean ganas de explicar las cosas. Quizá prefieren que seamos nosotros los que entendamos. Con los buenos y con los malos.  Sin necesidad de trasfondo, con una superficialidad envolvente, musical, perfecta, en la que todo es así por que tiene que ser así. Por que la vida me ha llevado aquí. Por que él quería acuchillarme. Por que ellos me hicieron algo que no te explico. Por que el gobierno anterior hizo lo que hizo.

Por que la culpa, al fin y al cabo, no es mia, si no de todas las decisiones previas que ninguno de nosotros tomamos, que nadie tomó, que se tomaron solas, como si de repente hubieramos aparecido aquí, en el 2012, con una pistola entre las manos, conduciendo ensangrentados mientras volamos hacia un jodido precipicio de deudas, involución y falta de educación. Sin saber cómo. Sin preguntarnos por qué. Solamente por que sí.

Divagación (y 4)

¿Y Frank Capra III? ¿Qué me dicen de Frank Capra III? ¿Será familia del otro Frank Capra? ¿El Frank Capra I? Su nombre, escrito en letras rosas de Dirty Dancing que acompañan a Drive, aparece destacado, con esos tres palos romanos, símbolo de saga, muestra de poder y genealogía durante los créditos de una película redonda que te lleva por donde quiere, hasta divagar sobre si el muchacho sufre o no sufre, hasta dejarte en mitad de una carretera, herido y sin respuestas, mientras la banda sonora hace lo que hoy por hoy tiene que hacer: Dejarte pensando si lo que has visto tiene algún sentido o es, simple y llanamente, puro artificio. Pues eso.

Fotos gracias al Flickr de James_Clear y Davwon

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